La primera edición de MXJW reunió diseño, moda, artesanía y alta joyería para demostrar que la pieza que llevamos sobre el cuerpo puede decir mucho más de nosotros que cualquier tendencia.
Hay joyas que completan un look y otras capaces de construirlo por completo.
Durante dos días, el Museo Interactivo de Economía se convirtió en uno de esos lugares donde collares, anillos, metales, piedras y procesos artesanales dejaron de observarse simplemente como accesorios para comenzar a entenderse como pequeños objetos de identidad.
La primera edición de Mexico Jewelry Week, celebrada el 23 y 24 de septiembre en Ciudad de México, partió precisamente de esa idea: redefinir el lujo a través de aquello que una pieza significa.
Encabezado por Isela Robles, el encuentro reunió a diseñadores, joyeros, artesanos, especialistas en moda y creativos alrededor de una visión mucho más interesante del lujo contemporáneo: una en donde importan tanto la pieza final como las manos que la crearon, la historia detrás de ella y la capacidad que tiene para expresar quién la lleva.
Cuando una joya se convierte en statement
Entre los nombres de la primera jornada estuvieron Karen Marrún, Mauricio Serrano y Samuel Burstein, tres visiones del diseño convocadas para responder una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué vuelve valiosa a una joya?
¿Su material? ¿Su diseño? ¿La emoción que genera?
La pregunta resume buena parte de lo que está sucediendo actualmente en moda: las piezas que realmente interesan ya no necesariamente son las más evidentes o las que tienen el logotipo más reconocible.
Queremos objetos que cuenten algo.
La agenda llevó esa idea incluso hacia materiales alternativos. Edith Medina, de Biology Studio, introdujo el universo de los biomateriales, demostrando que la experimentación también puede convertirse en belleza, mientras Luis Omar Guerrero exploró la relación entre tecnología y creación.
Tanya Moss y el poder de convertir diseño en identidad
Uno de los encuentros destacados reunió a Tanya Moss y Lucy Lara para hablar sobre la construcción de una marca exitosa.
Y pocas creadoras mexicanas permiten entender mejor ese tema que Moss.
Su mariposa se convirtió hace años en uno de los elementos reconocibles de la joyería mexicana contemporánea, demostrando que un símbolo puede trascender una colección y transformarse en una identidad completa.
La conversación recordó que la joyería, como sucede con una buena bolsa, un perfume o un par de zapatos, se convierte realmente en moda cuando logra generar deseo y reconocimiento.
De TANE a las grandes casas de París
Si algo dejó claro el segundo día es que la joyería mexicana puede participar perfectamente en la conversación internacional de moda.
Martacarmela Sotelo, directora creativa de TANE, habló sobre el desafío de crear en el presente, mientras la joyera Carmen Tapia exploró una idea particularmente atractiva: una pieza también puede funcionar como discurso.
Después llegó uno de los momentos que conectaron de forma más directa joyería y alta costura.
El diseñador y artista Flavio Juan Núñez, colaborador de casas como Dior, Jean Paul Gaultier, Lanvin, Chanel y Hermès, compartió su experiencia alrededor del diseño de joyería para firmas de lujo.
La presencia de nombres vinculados con estas casas ayuda a entender algo esencial: en la alta moda, la joyería nunca es un detalle secundario.
Puede alterar completamente una silueta, dirigir la mirada y convertirse en el elemento que termina definiendo una imagen.
Artesanía que puede llegar al mundo
Otro encuentro especialmente significativo reunió a Araceli Nibra y Álvaro Montaño para hablar del trabajo artesanal dentro de una marca global, tomando como referencia el universo de Carolina Herrera.
Es quizá una de las conversaciones más necesarias para la moda mexicana.
Nuestro país posee técnicas, materiales y artesanos extraordinarios. El siguiente paso consiste en encontrar maneras de traducir ese patrimonio a códigos actuales sin convertirlo únicamente en decoración ni perder aquello que lo vuelve auténtico.
Mexico Jewelry Week también decidió mirar hacia atrás. Una caminata por la antigua Calle de Plateros —hoy Avenida Francisco I. Madero— recordó que la historia joyera de Ciudad de México ha estado presente durante siglos en el mismo espacio urbano donde hoy intentamos imaginar su futuro.
Los nombres que MXJW decidió reconocer
La ceremonia de clausura presentó además a algunos nombres para mantener en el radar.
Íker Ortiz fue reconocido por su trabajo como diseñador de joyería, mientras Gabriela Sánchez y Artemisa Ramírezrecibieron el Galardón MXJW.
Anna Fusoni, una figura imprescindible para entender varias generaciones de moda mexicana, recibió el Galardón Proyecta.
También fueron distinguidos Alfredo Pérez Aguirre, por su trabajo en joyería tradicional mexicana; Felipe Cárdenas, como maestro orfebre; y Elena López, dentro de la categoría de joyería de moda.
Más que una lista de premiados, sus nombres dibujan un mapa bastante interesante de lo que está ocurriendo en México: tradición, diseño contemporáneo, oficio, moda y nuevas maneras de comunicar una pieza.
El nuevo lujo quizá sea más personal
Durante años asociamos el lujo con aquello que era difícil de adquirir.
Hoy también comenzamos a asociarlo con algo distinto: aquello que sería difícil de repetir.
Una pieza hecha con oficio, un objeto que conserva una técnica, una joya que conecta con nuestra historia o un diseño que se convierte en parte de nuestra propia identidad.
Mexico Jewelry Week terminó su primera edición, pero dejó abierta precisamente esa conversación.
Y quizá esa sea la idea más atractiva de todas: la joya más importante de nuestro guardarropa no necesariamente tiene que ser la más costosa, sino aquella que nadie podría llevar exactamente como nosotros.

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