Cuando se apagan las luces del front row.

Cuando se apagan las luces del front row.

El verdadero show de Fashion Week sucede después del desfile

Hay una fotografía que todos quieren durante un Fashion Week: sentado en primera fila, perfectamente vestido, con la pasarela de fondo y, de preferencia, algún famoso a dos lugares de distancia.

Es el equivalente fashionista a decir: “sí, estuve ahí”.

Durante unos minutos todo gira alrededor de los reflectores. Llegan actrices, modelos, cantantes, influencers, editores, compradores y embajadores de marca. Las cámaras buscan el mejor look, los equipos de belleza hacen retoques de último minuto y los teléfonos aparecen incluso antes de que salga el primer modelo.

Porque el front row también es espectáculo, pero hay algo que me parece todavía más interesante: lo que sucede cuando termina el desfile.

Las luces se apagan, las celebridades dejan sus lugares, las fotografías ya están circulando en Instagram y comienza una segunda parte de Fashion Week mucho menos evidente para quien solamente sigue las pasarelas desde redes sociales.

Las cenas.

Los cócteles.

Los after-parties.

Las mesas pequeñas donde ya no caben 500 invitados, sino quizá 20.

Y ahí cambia completamente la dinámica.

Del concepto»mírame» al conoceme»es donde cambia la conversación, ya no es una foto, es traer algo a la mesa cuando estas conversando con alguien; y no me malinterpreten no hablo de negocio, hablo de tener conversación, perspectiva, carisma o de mínimo saber criticar un buen outfit o el maquillaje de quien está a un costado.

En septiembre, alrededor de New York Fashion Week volvimos a ver esa agenda paralela donde moda, belleza, música y entretenimiento se mezclan. Personalidades como Helena Christensen, Rita Ora, Simone Biles o Venus Williamsaparecieron vinculadas con cenas, celebraciones y encuentros alrededor de la semana de la moda.

Y no es casualidad.

Una marca puede invitar a una personalidad a sentarse en primera fila y conseguir cientos de fotografías. Pero sentarla después a cenar con su director creativo, una editora, un stylist, un fotógrafo y quizá el CEO de otra compañía genera algo completamente distinto:

RELACIÓN.

Es un poco como una boda. Todos aparecen en la fotografía oficial, pero las conversaciones interesantes suelen suceder después, cuando alguien cambia de mesa.

En la moda ocurre algo parecido.

Un stylist puede conocer ahí al diseñador que terminará vistiendo a su siguiente celebrity. Una actriz puede descubrir una firma emergente. Una editora encuentra una historia. Una beauty brand puede acercarse a una personalidad que meses después termina protagonizando su campaña.

No significa que cada cena termine con un contrato firmado junto al postre.

Significa que el acceso facilita conversaciones que difícilmente ocurrirían frente a 500 personas y 200 cámaras.

La belleza entendió perfectamente este juego.

Una cena íntima alrededor de un perfume, un maquillaje o un nuevo producto puede construir un universo mucho más aspiracional que simplemente colocar una botella frente a un photocall.

Porque ya no estás enseñando solamente el producto.

Estás mostrando quién pertenece a su mundo.

Y ahí aparecen las fotografías que probablemente más interesan a las marcas: la modelo conversando con una actriz, el diseñador sentado junto a una cantante, la editora brindando con una makeup artist.

Parecen espontáneas, pero detrás existe toda una arquitectura social.

Quién invita.

Quién acepta.

Quién se sienta junto a quién.

Y, sobre todo, quién logra entrar cuando la lista se vuelve realmente pequeña.

El front row da visibilidad. La mesa construye influencia.

Quizá por eso seguimos fascinados con esas cenas privadas.

El desfile presenta la colección.

El front row construye la fotografía, IG amplifica el momento.

Pero cuando desaparecen los flashes comienza algo mucho más antiguo que cualquier algoritmo: personas sentándose alrededor de una mesa para conocerse, conversar y crear relaciones.

En una industria obsesionada con la imagen, esa puede ser una de las paradojas más bonitas de Fashion Week.

Todos quieren estar en primera fila para que los vean.

Pero el verdadero lujo quizá sea saber a qué mesa te invitan cuando termina el desfile.

Edgar Cleto es colaborador editorial, estratega de relaciones públicas y coolhunter.

Su trabajo conecta comunicación, tendencias, negocios e industrias creativas para analizar cómo las ideas, las marcas y la cultura construyen relevancia.

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